9 ene 2012

Chronicles of a Magic World


La Santa Orden de los Dragones
Capítulo I: El depósito de la torre subterránea

Kitsen se dirigía a encender las luces de la celda donde su antiguo amigo se encontraba. Había sido encarcelado hace más de 7 años cuando los traiciono. Kitsen venía a visitarlo por primera vez desde su encarcelamiento. Cuando encendió la luz Kitsen se sorprendió al ver que el que colgaba del techo, con unas cadenas en las muñecas, no era su amigo Sea sino una chica completamente desnuda de cabello negro y piel blanca como la nieve.
La chica estaba dormida. Pero a Kitsen no le importó ya que rápidamente manifestó su descontento por el “malentendido”.
-¡Jourse! ¿Qué significa esto?- grito el joven Kitsen de 25 años de cabello negro y gran musculatura. Los altavoces que se encontraban en las esquinas de la celda, cuya arquitectura no era más que un cuadro hecho de metal, se encendieron, dejando sonar un característico pitido ensordecedor.
-Se que puede ser un error Kitsen- Contestó Jourse por el altavoz –Pero las cosas no fueron color miel para tu amigo Sea, después de que el ya difunto Xoun le dictara su sentencia hace años
-¿Podrías explicarme entonces?
En eso, la inerte chica despertó y soltó una breve risa entre sus labios rojos y delicados.
-Es divertido, Kitsen, lo que nos hace el tiempo; Nos hace olvidar lo que somos, y a veces nos lleva hasta el borde de la locura
-¿Discúlpeme madame, nos conocemos? Por que, por lo general, no trato con prisioneros ni con individuos que infrinjan la ley
-Es natural que ya me hayas olvidado, aun que con esta forma nunca me conociste. Soy yo, Sea.- La chica levanto la vista por primera vez, y vio directamente a los ojos de Kitzen. Kitzen quedó paralizado al ver una marca inusual en los ojos de la chica.
-¡Imposible! ¡Sea! ¿Cómo demonios terminaste así?- El gesto en la cara de Kitzen era de total desconcierto
-¿Cuánto tiempo ha pasado, Kitsen?- Sea bajo de nuevo la cabeza para que su amigo no notara sus ojos mojarse un poco
-Ya son más de 7 años. Amigo mío.
-¿Amigo? ¡Ha!- inconformidad podía verse en la cara de Sea- Que palabras tan vacías ahora salen de tu boca.
-Sabes que todo eso fue necesario.
-¿¡Inclusive esto, transformarme en está mujer!?
-No lo entiendo, eso no estaba contempla…-Kitsen se vio interrumpido por Sea
-Xoun me hizo esto. Después de que me trajeron a esta celda, Xoun, se dio cuenta que la única manera de despojarme de mis habilidades mágicas era usar el hechizo de “Desfase astral” mientras me encontrara en un estado vulnerablemente espiritual.
-¿Y qué paso después Sea?- Preguntó ignorantemente Kitsen
-Me transformó en mujer, tomo mi virginidad y mis poderes.

Un silencio incomodo tomo lugar en la celda fría en donde se encontraban. Por la puerta se pudieron oír pisadas de alguien que venía.
-Kitsen ¿Estás  ahi?- Se oyó la voz de una chica que provenía de afuera
Zaphira, la mejor amiga de Kitsen entró en la celda y al igual que Kitsen, ella quedo sorprendida por la chica que colgaba del techo desnuda.
-Hola Zaphira. Hace mucho que no nos veíamos- Dijo Sea mientras soltaba otra sonrisa
-¿Sea? ¡Entonces, los rumores eran ciertos!- Dijo Zaphira
-¿Rumores? ¿De que hablas Zaphi?- Dijo Kitsen, refiriéndose a Zaphira en un tono cariñoso
-Que raro que no lo sepas Kitsen. Ahora que eres comandante deberías de estar enterado de todo
-Deja de darle vueltas al asunto y dilo de una vez- Contestó Kitsen con furia
-Pues verás- Comenzó a hablar Zaphira mientras se acomodaba su cabello largo y castaño. Zaphira le contó con menos detalles lo que le había sucedido a Sea.
-Ya veo- Dijo Kitsen.

Zaphira tenía la misma edad que Kitsen y eran de la misma estatura, los dos de tez morena. Los dos jóvenes se acercaron mas a Sea.
-¿Y que los trae por aquí?- Dijo Sea muy curiosa.
-Veras Sea- Hablo Kitsen primero- Tenemos que pedirte un favor.
-¿A mi?¿¡Pedirle un favor al que una vez fue el mas odiado por el mundo mágico?
-Entendemos que estés enojado Sea- Hablo esta vez Zaphira- Pero esto es extremadamente necesario. Como podrás haber escuchado, el anterior Comandante Supremo de la agencia, murió hace unos meses; Fue asesinado por los DeadWalkers. Una raza proveniente del inframundo.
-Oh, si, si. La verdad es que he estado durmiendo desde hace mucho tiempo- Dijo Sea.
-Los detalles de los Deadwalkers es lo de menos- continuo Kitsen- Necesitamos una forma de acabar con su existencia de la fas de este mundo, y creemos que tu tienes la solución para ello.
-Te olvidas de una cosa, Kitsen, perdí mis poderes hace mucho tiempo, no hay forma que los recupere.
-Lo sabemos- continúo Kitsen- Pero no precisamos de tu antigua magia, ni del poder del fruto. Si no me equivoco, tu fuiste alguna vez, aliado de Batios ¿No es así?
Sea suspiró
-Batios, era un buen amigo. Si, así es. Pero no entiendo como encaja el o yo en esto
-Batios tenía un mapa, no, más bien era una guía para ingresar a la bóveda azul...- Dijo Zaphira
-La bóveda de la Santa Orden de los Dragones- Dijo Sea terminando la frase
-Entonces es cierto que Batios te dió el mapa. ¿Donde está Sea? ¡Dinos!- gritando Kitsen
-Aun si fuese cierto- contestó Sea con fuerte voz- ¿Por qué habría de decirles a ustedes? ¡Aquellos que mataron a mi amigo Batios y quienes me arrebataron mi libertad!
-Supongo que todo tiene un precio- Dijo Kitsen
-Ya hablamos con el nuevo Comandante Supremo, estaremos dispuestos a negociar contigo, si nos dices donde esta lo que buscamos- Dijo Zaphira
-¿Hablan de... libertad? ¿Una vida normal?
-Libertad bajo palabra, y no podrás salir de la zona que controla la agencia- exclamó Kitsen
-Creo que es suficiente- Contestó Sea- Pero primero ¿podrían darme algo de ropa?

Zaphira hizo un movimiento con su mano izquierda a la vez que con la otra “buscaba” en un velo mágico una prenda para ponérsela a Sea. Zaphira le dió un vestido de gala negro, muy hermoso. Después de que ya lo tenía bien acomodado los dos jóvenes en el suelo, escucharon con atención lo que Sea tenía que decirles. La chica les dijo que ella tuvo la “guía” hasta el ultimo momento en que la capturaron. Por lo que ahora, debería de estar en la bóveda de la agencia, donde todos los objetos de los criminales son depositados. Sea también les contó, que lo que buscaban solo era un trozo de papel, en el que venían escritas la ubicación de la bóveda y las instrucciones para abrirla.

-Muy bien. Eso es lo que necesitábamos. ¡Jourse, libérala!- Grito Kitsen hacia el altavoz
-Como diga comandante- Le contestó

Las cadenas que sostenían a Sea del techo desaparecieron, al instante la chica cayó precipitadamente, pero valiéndose de las habilidades que tenía logró caer sana y salva de una altura de casi 3 metros.
-Ahora que te veo bien Sea, no has envejecido nada- dijo Zaphira
-Es otra maldición con la que tengo que vivir gracias a ustedes. Al usar el “Desface astral” no solo me arrebató mis poderes, si no también la capacidad de envejecer, por lo que no puedo morir de viejo.
-Hasta que no tengamos en nuestras manos la información, seguirás bajo nuestra custodia y con las “argollas de acero” en tus muñecas, así si intentas algo, las cadenas reaparecerán impidiéndote moverte- le informo Kitsen a Sea
-Lo sé, no tienes que decírmelo- contesto Sea

Los 3 salieron de la celda. Ésta se encontraba en una torre subterránea, por lo que las celdas estaban acomodadas en un circulo alrededor de un enorme vacío. La iluminación era tenue por lo que Kitsen y Zaphira usaron un hechizo de luz para iluminar el camino hacía abajo, donde se encontraba el depósito. Bajaron por otros 10 metros hasta llegar a un acensor. De ahí bajaron por otros mil metros. Ya abajo, los tres salieron del acensor para estar enfrente de la entrada de la bóveda.
-Kitsen, déjame recordarte, que la bóveda solo se usa para guardar objetos muy preciados, y segun los reportes no se ha abierto en casi un año- Dijo Zaphira
-No creo que eso sea un problema mi buena amiga- contestó Kitsen.
-No estaría seguro de eso- agrego Sea- Escuche varías veces decir a Xuon que deseaba mucho encontrar la Bóveda Azul y quien sabe, talvez, quiso llevarse la “guía” hasta su muerte. Todo el mundo mágico sabía que el era un codicioso ególatra que solo buscaba poder y que haría cualquier cosa para tener lo que él quisiera. Así que mejor entra tu primero.
-No exageren. Estoy seguro que no hay nada- refuto Kitsen
-No lo sé Kitsen, ni tu ni yo hemos entrado aqui nunca. ¿Al menos sabes como es?- Dijo Zaphira algo preocupada
-Solo debe ser gigante y con una organización detallada- Dijo Kitsen para tranquilizar a su amiga.

Kitsen se acerco lentamente y algo desconfiado a la gran puerta color oro que impedía el paso al depósito. Sacó una llave del mismo color, la cual se le otorgaba a todos los comandantes, y la introdujo en la ranura. La giro y desactivo el candado físico para después el candado se mágico se desvaneciera estomáticamente. La gran puerta se abrió y mostró el interior de la bóveda. Y justo como si el destino supiese lo que buscaban, desde la puerta se podía observar al fondo del depósito y custodiado por otros sistemas de seguridad, una caja con el nombre de Sea, que indicaba que ahí se guardaban sus pertenencias.
Kitsen entró ya más tranquilo y con cada paso que daban la tensión crecía un poco más, hasta que llegó al fondo del depósito, enfrente de la caja. Kitsen quito los sistemas de seguridad que la custodiaban mientras Zaphira cuidaba de Sea afuera del depósito. Cuando termino desactivar todo, abrió la caja y tomo lo único que estaba en ella. La “guía” para encontrar y abrir la Bóveda Azul.
Pero no todo fue bueno después de que Kitsen tomara el trozo de papel. Sin darse cuenta activó una trampa mortal en el fondo de de la estructura, donde el depósito y los 3 se encontraban. El piso comenzó a caer precipitadamente y los 3 cayeron.
-¡Seal Wing!- gritaron Kitsen y Zaphira, y de sus espaldas se desplegaron dos enormes alas rojas y doradas respectivamente.
-No te preocupes Sea, te tengo- Dijo Zaphira mientras sostenía de la mano a Sea
-Gracias-
-Les dije que no había nada- Dijo Kitsen entre risas.
-No se confíen- agrego Sea- Xoun no pondría una trampa tan sencilla
Los tres estaban colgando en lo que parecía ser un hoyo sin fondo, cuando de repente una extraña fuerza de gravedad comenzó a arrastrarlos hacia abajo.
-¡Kitsen!- grito Zaphira
-¡Subamos lo más rápido posible Zaphi!
Pero la fuerza los jaló cada vez mas fuerte, hasta que les fue imposible salir del “campo gravitatorio” y los tres fueron jalados hasta el fondo de aquel agujero

Sea despertó todo confundido, no podía ver nada y sus extremidades le dolían, y tenía los codos y rodillas lastimados. Se levanto con pocas fuerzas y llamo a sus amigos. Al poco tiempo Zaphira y Kitsen respondieron, y Zaphira uso un nuevo hechizo de luz para iluminar el lugar. Ninguno de los 3 sabía donde se encontraban. Parecían ser túneles interminables que parecían llevar a cualquier lugar por debajo de la ciudad. Estaban rodeados por una especie de ceda y verde mucosidad. Por lo que especularon que algo podía estar viviendo allí abajo. Con duda en su paso, avanzaron poco a poco a través del lugar, mirando por donde pisaban y tropezando de vez en cuando. Kitsen los lideraba seguido por Sea y hasta atrás Zaphira.

Kitsen intentó abrir el trozo de papel que estaba doblado por la mitad, no grata fue su sorpresa al darse cuenta que estaba en blanco. Se detuvo con el seño fruncido y volteo a ver a Sea
-¿Qué significa esto, Sea?- Dijo enfurecido
-Batios no era un estúpido; no es un trozo de papel cualquiera. Es un polímero mágico tejido entre hebras de papel y sellado con ADN mágico para que solo se muestre su contenido a la persona que lo selló.
-Imposible- dijo Zaphira- Para hacer un sello de ADN mágico necesitas saliva de dragón.
-De alguna forma Batios se las arreglo para conseguirla, y justo antes de su muerte selló mi ADN en este papel, por lo que solo yo soy capas de mostrar el contenido
-Muy bien, entonces, actívalo.- Dijo Kitsen mientras le entregaba el trozo de papel a Sea

Sea lo tomo entre sus manos y lo desdoblo. Del trozo de papel surgió una estela de luz que se extendía en línea recta hasta arriba. La estela de luz se apago para que el papel posteriormente se iluminara, dejando ver letras azules brillosas en éste. Las palabras formaban 4 oraciones: “Ubicación de la Santa Orden De los Dragones”, “Ubicación de la bóveda azul”, “Ubicación de los dragones”, y “Ubicación de los ADN’s”.

Kitsen y Zaphira se acercaron más para poder ver mejor. Sea estaba apunto de tocar una de las oraciones. Como el sabía al tocar alguna, desplegaba el menú que contenía mas información. Pero cuando estaba a punto de hacerlo. un ruino provino de uno de los túneles que tenían de frente. Luego otro ruido del túnel izquierdo, y al último del túnel derecho. Oyeron 3 rugidos muy fuertes, que creían eran de grandes bestias.
-Tenemos que movernos- Dijo Kitsen- Ya habrá tiempo de leer la guía.
-¿Y a dónde sugieres que huyamos?
Los tres trataron de buscar algún otro túnel, pero fue en vano. Los rugidos se escuchaban más cerca. Y el miedo invadía poco a poco los jóvenes. El ruido era cada vez mas continuo. Cuando creyeron que estaban completamente rodeados, el silencio se apoderó de las cavernas.
-Movámonos. Cualquier túnel servirá- Dijo Sea está vez.

Los tres corrieron por el túnel de en medio. Por alguna razón sabían que algo los perseguía, que algo los cazaba. Después de unos minutos de correr vieron una luz al final del túnel. Pensaron que era la salida. Pero todo lo contrario, solo llegaron a una caverna mucho más grande y con muchos más túneles. La luz provenía de un cristal que emitía su propia luminiscencia.

-Patrañas, estamos atrapados- dijo Sea
-Ya nadie usa esas expresiones- Dijo Zaphira
-Lo sé...- contestó Sea.
-Peor aun ¿Ahora por donde vamos Kitsen?
-Podríamos escoger al azar y esperar que nos lleve a algún lado
-O que nos lleve con la gran bestia que hace ese ruido.


Los 3 optaron por elegir uno al azar, y caminaron más tranquilamente. Pero después de unos minutos. Se dieron cuenta que regresaron a la misma caverna de donde habían empezado.
-¿Por que no intentan volar de nuevo?- pregunto Sea
-Ya lo intenté. Mis alas no se despliegan- Contestó Kitsen
-Nos quedaremos aquí para siempre- Comenzó a gritas Zaphire mientras soltaba unas pequeñas lágrimas.

No habían pasado ni 5 minutos de que se detuvieron y el rugido volvió a estremecerlos de nuevo, pero esta vez solo era uno. Los chicos se prepararon para lo peor. Y así fue, de uno de los túneles salio un gran gusano de 3 cabezas de color plateado y sin ojos. Era enorme en comparación de los 3. Apestaba demasiado y expulsaba por su piel la mucosidad verdosa que ya habían visto en los túneles.

-Mierda- dijo Sea- Debí de haberme quedado en aquella celda durmiendo.

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